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Alto Rendimiento y ACTITUDES INDIVIDUALES

24/11/2020

Si la comunicación ordenada y efectiva define la estructura para la gestión de las crisis, la actitud es un componente central en el contenido de las mismas.

Hay actitudes individuales y actitudes colectivas. Ambas merecen ser clarificadas, para identificar a cuáles tengo que apelar, cuáles tengo que cultivar con los míos, y cuáles desterrar de mi mapa y del mapa de mi equipo.

A la actitud individual la definen tres elementos: la cantidad de energía, el tipo de energía, y la orientación del objetivo. Las principales actitudes individuales tienen que ver con: el desafío, el enojo, la apatía, la renuncia.

A las actitudes colectivas las definen la honestidad, la capacidad, y la responsabilidad con la que llevamos a cabo las interacciones entre los miembros de un equipo. Las principales actitudes colectivas tienen que ver con: el compromiso, la colaboración, la disciplina, la rebeldía, la indiferencia, la simulación, y el sabotaje.

Qué hacer para desarrollar la ACTITUD INDIVIDUAL ÓPTIMA:

El desafío es la actitud individual óptima: quien se desafía es alguien que tiene altos niveles de energía positiva, con objetivos de rendimiento claros: mucha nafta en el tanque y de la buena, con la hoja de ruta clara. No solamente sabe qué quiere, sino fundamentalmente tiene precisión acerca de cómo intentarlo. El pensamiento típico del que se desafía es “quiero, y voy a intentarlo tantas veces hasta conseguirlo”. Esta es la disposición ideal. La actitud óptima para conmigo. La recomendación en este sentido tiene que ver con:

  1. Definir objetivos individuales de rendimiento que impliquen desarrollar o consolidar cuestiones que sean importantes para mi, poniendo el énfasis en los “cómo” más que en los “qué”. Ejemplos de este tipo de objetivo sería “evitar en un 100% la postergación de las conversaciones difíciles que sé que debo tener con determinadas personas durante mayo”, “escuchar realmente, sin interrumpir, y luego compartir mi visión con evidencias medibles, en todas las reuniones comerciales de junio”, “garantizarme 60 minutos diarios, realmente presente con mis hijos, sumándome a las actividades que ellos elijan”.
  2. Asumir los errores de ejecución como posibles, lógicos y normales durante la implementación de las acciones que tienen que ver con estas metas. Internalizar la idea del error como herramienta de aprendizaje en vez de interpretarlo como un arma de castigo o autocastigo, es central para el desarrollo actitudinal. Favorece la cantidad y la calidad de la energía anímica.
  3. Enaltecer el concepto de los intentos, como el núcleo de la actitud óptima. La actitud no es lograrlo, es intentar para lograrlo. Mayor cantidad de intentos, implican un saber hacer más acabado en todas las actividades humanas. La actitud se nutre del intento.

Estas sugerencias favorecen la actitud del desafío en detrimento del enojo. El enojo puede aparecer bajo el formato de explosión o de bloqueo. La persona que estalla en cólera o la persona que se amarga con el malestar de no compartir lo que piensa. En ambos casos, hay enojo.

El enojo es mucha energía negativa, únicamente direccionada por objetivos de resultado, con ausencia de metas de rendimiento. La persona que está enojada sabe lo que quiere conseguir, pero no sabe cómo intentar conseguirlo. La hoja de ruta es lo que no está clara. El camino de los intentos. Qué intentos, cuándo, cómo, dónde. Cuando esa receta no está clara, el enojo está a la vuelta de la esquina. Consideración especial para quienes tienen a alguien enojado en el equipo: gestionarlo urgente, porque el que está enojado, es porque le importa la causa o el proyecto: quiere, pero no sabe cómo.

Más complicado es el caso de la actitud de la apatía (o evitación), caracterizada por poca energía de valencia indefinida, con laxos objetivos de resultados y nulos objetivos de rendimiento. La persona apática o evitativa piensa con frecuencia “para qué intentarlo, si no vale la pena. Me da lo mismo”. La evidencia nos indica que es más complicado llegar desde la apatía al desafío, que desde el enojo al desafío. Pensar que no vale la pena implica la disminución del deseo en relación a algo. La indiferencia ante un proyecto nunca ayuda.

Finalmente la renuncia, marcada por la ausencia de energía y de objetivos, implica consumir la idea “no quiero más”. Este estadío de la actitud, es el que más debemos evitar.

La buena noticia es que todos los estados actitudinales son transitorios. No son permanentes. No son rasgos de la personalidad, más estables en el tiempo. Por ende, podemos pensar y hacer para movernos de estado si no estamos en el óptimo, también podemos accionar para mantenernos en el deasfío. Depende de cada uno.

Sugerencias Concretas:

  • Definir objetivos personales y laborales durante las próximas 6 semanas, que valgan la pena, que sean importantes para nosotros.
  • Poner el foco de estos objetivos en la hoja de ruta para transitarlos más que en el deseo de lograrlos. El logro es la consecuencia de transitar el camino. Todas las semanas poner cantidad a cada acción que nutre cada objetivo. Y corroborar al cabo de la misma, dónde estoy en función de lo que me propuse.
  • Asumir los enojos, evitaciones y/o renuncias desde un lugar posible, y no desde la culpa. Saber que podemos hacer todos los días algo para movernos hacia la actitud de desafío.

Hasta la próxima!

César Bernhardt

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